Integración Psicosomática

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Feldenkrais y el entrenamiento funcional: La fuerza de la organización

ENTRENAMIENTO FUNCIONAL

Cuando paso por la calle veo los gimnasios llenos de personas que entiendo están interesadas en estar “en forma”. No tengo nada en contra de los gimnasios ni los centros de calistenia aunque reconozco que me da pena ver cómo muchas personas se están haciendo daño sin ellas saberlo seguramente y sin nadie que se lo diga (porque tampoco lo saben). 

Observo cómo se mueven y cómo van en contra de su propio cuerpo, forzándolo y llevándolo inevitablemente a lesiones o malos hábitos somáticos que al final pasan factura. Aunque en muchos casos hablen de un entrenamiento “funcional” es evidente que no lo es. Nada de funcional puede haber en ciertas prácticas que se hacen de forma repetitiva, para todos por igual y sin atender a ninguna función específica del movimiento humano. No hay nada malo en entrenar pero es muy deseable conocer bien tu cuerpo antes, saber cómo te usas y las posibilidades de movimiento que tienes para poder mejorar. Eso es lo que llevó a Moshé Feldenkrais a diseñar su método.

¿QUÉ ENTENDEMOS POR FUERZA?

En ese sentido creo que mucha gente piensa que el método Feldenkrais es demasiado “suave” que así no se van a poner “fuertes”. Sigue siendo muy curioso porque precisamente su creador era un hombre “fuerte”, cinturón negro de judo para ser más concretos y diseñó este método para ser más “fuertes” y capaces.
El problema debe ser entonces qué consideramos fuerza. 

Parece claro, por cómo se entrena, que mucha gente piensa que está ligado a la masa muscular, a la cantidad de peso que puedes levantar, la cantidad de fondos que puedes hacer, dominadas o sentadillas. Sin duda eso es fuerza aunque hay mucho esfuerzo inútil en ello. Por otra parte, fuerza es también tener una adecuada organización corporal y una cada vez mayor conciencia corporal. ¿Por qué? Porque entonces conoces el poder de la eficiencia, de hacer con mucho menos esfuerzo, con mucha menos “masa” muscular y entrenas de forma adecuada al ejercicio que realizas y vas mejorando de forma progresiva y constante. De hecho no hay límites en tener cada vez una mejor organización corporal y cuanta más tengas menos esfuerzo tendrás que hacer, optimizarás todos tus recursos, te lesionarás menos y te sentirás más “fuerte” y lo serás de verdad.
Moshé Feldenkrais era ingeniero mecánico y sabía mucho de optimizar el rendimiento y de eficiencia, era su trabajo, conseguir máquinas cada vez más eficientes, que produzcan más energía y consuman menos.

MÁXIMA EFICICENCIA MÍNIMO GASTO

Se dice que nosotros somos una máquina perfecta. De alguna manera así lo entendía Moshé aunque sabía que eso era así en potencia y que nuestros estilos de vida y creencias nos alejaban de ese potencial. Sus clases y enseñanzas nos llevan por ese camino de adquirir nuestro máximo potencial. No lo veía como una quimera o un ideal inalcanzable sino como realidad patente que se iba conquistando clase a clase.

Una de sus grandes aportaciones fue la de la reducción del esfuerzo. Se dio cuenta de cuánto esfuerzo inútil y cuánta energía desaprovechamos a lo largo de nuestras vidas por no saber usarnos de forma adecuada, por no entender cómo funciona realmente el cuerpo humano. Esta idea de menor consumo de energía y menor esfuerzo pasa por una adecuada alineación del esqueleto. Los huesos no son “rectos”, es evidente, pero sí pueden estar alineados unos de encima de otros de forma que las fuerzas se transmitan a través de ellos como un todo, de modo que no tengamos que usar nuestros músculos para “sujetarnos” y vencer el efecto que la gravedad ejerce sobre nosotros. Diríamos que “nuestro esqueleto nos sostiene”. A esto en Taichi lo llaman “tener estructura”.

Esto tan sencillo es básico y fundamental a la hora de usarnos como humanos. Si no lo hacemos tendremos tensión, contracturas, nos sentiremos cansados porque nuestros músculos estarán realizando un trabajo que no deberían estar haciendo, que los agota y los convierte en no funcionales. Se sobrecargan para mantenernos erguidos (a duras penas) y ya no pueden realizar correctamente la función que les corresponde cuando se les llama a ello.

ORGANIZACIÓN Y CONCIENCIA CORPORAL

¿Queda un poco más claro entonces que no es cuestión de masa muscular “sin ton ni son” sino de una buena organización, mayor conciencia corporal y eficiencia?

Porque eso es lo que va a permitir que te muevas como estás predestinado a moverte, con ligereza, suavidad, elegancia y uses la fuerza que necesites cuando la necesites. Te aseguro que partiendo de ese estado un puñetazo o una patada o lanzar una jabalina es mucho más eficaz.
Cuando la persona se levanta de la colchoneta después de hacer una clase y se siente tan bien es eso lo que percibe, esa facilidad de ser y de moverse que es nuestro derecho humano y que nadie nos puede quitar porque estamos predestinados a ello, es nuestra condición humana. Se puede perder, olvidar, disipar, por malos hábitos pero siempre está disponible para nosotros. Ese es el regalo que nos dejó Moshé Feldenkrais y es un inmenso regalo.

Alejandra Carrasco haciendo ejercicios de Método Feldenkrais
Ejercicios del Método Feldenkrais
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